LBP nº 16 El negociado del Dolor

Año II Número 16 Diciembre 1996

El Negociado del Dolor

En una sociedad que rinde culto a la aparente juventud (entre otras apariencias ) el dolor humano se ha vuelto incómodo de contemplar y por tanto una patología social que necesita de cuidado.
Pero el dolor es también res intra comercium , un desafortunado objeto más del tráfico mercantil, y es por ambas cosas que el dolor arrastra tras sí una pléyade de negociantes y administradores públicos y privados.
¿Pero, de qué estamos hablando, dónde está el dolor y a quién le duele?
El verdadero dolor lo encontraremos en esos diques secos y desguasces de la historia que son los Centros de Asistencia primaria, vulgo ambulatorios.
Una interminable fila de ancianos y enfermos crónicos se agolpa frente al mostrador donde se entregan las recetas ya dispensadas por el médico de cabecera. Algún descontento libra cayado en mano su recurrente batalla.
Evitar el dolor va camino de ser un derecho universal pero cuántas veces la actitud de sus administradores no ha sido la de “come y calla”, y ahora que la moda impone otro discurso no es de extrañar que se trate sin miramientos al pensionista- administrado-paciente.
La espera es compañera del dolor, y acaso por eso de siempre al enfermo se le llama paciente.
Sentados con resignación, lejanía o abatimiento unos pocos hombres cuyo rostro nos recuerda acaso décadas de privaciones sobre las que se edificó nuestra sociedad juvenil y satisfecha.
Piernas temblorosas, cuerpos encorvados de personas amortizadas por y para el sistema productivo, para las que difícilmente hallaréis gratitud que no sea verbal.
Las más son rescoldos o ancestros de amas de casa, y no insistiría sobre su abatimiento si no fuera porque ante mí hay una hilera digna de las pinturas negras de Goya.
Dos se diría que tienen las piernas antinaturalmente hinchadas, imposible que las sostengan, un milagro que caminen, si no fuera porque su estado es de algún modo obra de fatigar a la naturaleza.
La tercera tiene los ojos profundamente hundidos en las órbitas y está más alli que aquí.

Todos éstos aún tienen esperanza pero el mutismo del que presiente la Parca, la incertidumbre deseada del familiar y las evasivas del especialista porque pocos hay que junto al Hipocrático hicieran juramento de hablar claro merecen mención aparte.  Necesitamos menos semidioses.

Veámoslo desde el otro lado sólo por hacerles justicia a los abnegados , porque alguno hay que llega antes de hora a consulta y marcha hasta dos horas después de ella, despachando ya en solitario una marea humana, demasiado humana, concediendo a cada persona no menos de cinco minutos, dia tras día, sin importarle que la voz se corra entre el público y la avalancha crezca.
LLegados a este punto mejor sea el lector quien saque sus propias conclusiones, pero más vale que recuerde que el negociado del dolor es nuestro más cierto futuro, aunque su futuro sea más claro como negocio que como negociado de administración alguna.

Los frutos de la Adversidad

En alguna remota ocasión se me ocurrió decir que: “Las semillas del éxito son los frutos de la adversidad.” y éste ha sido desde luego un año pródigo en adversidades que ha dado ocasión para una buena siembra, donde todos los proyectos y expectativas han venido desmoronándose, los logros han sido un vivir de las rentas de un esfuerzo continuado y anterior, y el mayor mérito sobrevivir al 96 (toquemos madera)cuando algunos por desgracia no lo han logrado.
A nivel colectivo éste ha sido un año estéril donde el nuevo timonel ha puesto rumbo firme a los escollos.
Sólo nos queda el firme deseo de seguir adelante aunque sea contra la corriente y pasar página de este año.

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  1. 6 febrero 2010 en 17:37

    Hola José Mª te mando el e-mail del Dr. Ramón Bayés para que busques su discurso cuando le dieron el título de Honoris Causa por la Uned: *********
    A ver si lo conseguimos esta vez, Un abrazo, Montse

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