LBP nº 20 el motor de la Historia

 

Núm. 20, diciembre de 2004

 

El Motor de la Historia. 


 

El motor de la historia, la única fuerza impulsora del comportamiento humano individual y colectivo es el interés individual.

He aquí porqué han fracasado todos los intentos radicales de transformación social: han olvidado al hombre. El comportamiento humano no es infinitamente moldeable. No se puede hacer ni rehacer de nuevo el comportamiento individual porque no es posible torcer los hábitos ni las inclinaciones de una persona que alcanza la madurez, del mismo modo que no se pueden moldear las querencias ni las pasiones de todos a la vez y en todas partes.

Esto nos lleva al segundo error común: el interés individual no es un mero cálculo contable de pros y contras. Mas bien al contrario: la mayoría de las personas no determina sus intereses ni los fines últimos de su conducta en un cálculo distante y racional. Son la pasión, la envidia, el odio, el prejuicio, el afán de notoriedad, de poder ó de acumulación, el deseo sexual, las necesidades de aceptación social, compañía o protección y las ideas preconcebidas un catálogo de las fuerzas que impulsan y dan forma a nuestros actos. Y de faltar alguno, ved que todos se reducen a uno sólo: el instinto de supervivencia, que no es sino la otra cara del rechazo al vacío de la muerte y el anhelo de trascendencia.

De todo ello no se sigue un mundo armónico ni un caos, sino simplemente la realidad sensible que se ofrece a nuestros ojos: una sucesión de equilibrios efímeros e inestables de los que resulta un perfil común y conocido de opresión del hombre por el hombre.

Los intentos de transformación sólo la han incrementado porque se han basado en una idea optimista de la naturaleza humana – los hombres son buenos- o en el total desprecio del individuo – los hombres son idiotas-

La corriente no se puede detener, se puede encauzar. Del interés individual no saldrá el bienestar colectivo, pero éste no puede obtenerse del sacrificio del primero, y la mejor contribución al interés social es la que se hace creyendo servir al interés propio.

No hay proyecto de reforma que pueda triunfar contrariando las inclinaciones humanas al placer, el tener y el poder, ni es posible hallar cooperación más eficiente que la que se ejecuta por egoísmo

Reformistas, revolucionarios, soñadores todos: recordad esto que os dice

El Librepensador.

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