LBP nº 3 Las Plutocracias de Occidente

 

LAS PLUTOCRACIAS DE OCCIDENTE


Las democracias occidentales caminan por una senda abiertamente defensiva: se defienden de los países menos afortunados y de los pueblos desheredados de la tierra. Se defienden de sus propios y teóricos ciudadanos, insatisfechos y resignados a la suerte que les deparan las élites gobernantes.

Vivimos hoy acaso la definitiva muerte de las ilusiones alumbradas en la Revolución Francesa.

La historia de la Humanidad puede con justeza verse como la de la dominación del hombre por el hombre bajo diversos sistemas y justificaciones. No hemos escapado a ello: antes bien parecemos condenados a repetirlo.

El Liberalismo en sus diversas especies no ha superado una contradicción: las ideas democráticas nacidas al calor de la expansión de los Derechos Humanos y las libertades no son compatibles con una estructuración vertical y jerárquica de la sociedad, con diversos círculos concéntricos de élites superpuestas, que sí se aviene bien con el sistema capitalista de organización económica, que, de hecho, las fomenta.

Es el propio sistema económico el que distorsiona nuestro modelo normativo-ideal de Democracia: la constitución real, el régimen político real de Occidente no se basa en la voluntad y gobierno del demos (pueblo) sino en el gobierno de los poderes efectivos, especialmente el económico. Estamos ante una PLUTOCRACIA.

La realidad es tozuda y los procesos de toma de decisiones públicas han sido formalizados y fosilizados. Hoy las decisiones se toman en vista a una tupida y difusa red de intereses socioeconómicos absolutamente sustraídos al control ciudadano.

El Derecho al voto es irrisorio y casi nada decide. Sin embargo, es una barrera que no debe ser traspasada, porque su traspaso suele equivaler a la supresión sistemática de los más elementales Derechos Humanos.

Otros diques ya se han roto: Tras las guerras mundiales se llegó al compromiso del Welfare State o Estado del Bienestar, llamado también en formulaciones más “avanzadas” Estado Social.

La marginación política del ciudadano se compensó magnánimamente con mejoras materiales en el modo de vida:

  • Acceso al sistema de consumo de masas y sus gratificaciones inmediatas.
  • asistencia sanitaria, sistemas de pensiones y desempleo.
  • Derechos de los trabajadores y Estabilidad en el empleo
  • ampliación de libertades individuales, pluralismo y relatividad de la moral
  • sistemas fiscales redistributivos
  • políticas económicas y empresas públicas.

 por citar las ventajas más o menos consolidadas, amén de pequeños avances en otras reivindicaciones.

Pero desde veinte años a esta parte, con la aparente pausa de los años 86-90 el retroceso es evidente en muchos puntos.
Los voceros e ideólogos de tamaño desatino son los autodenominados neoliberales, que ni son neos ni son liberales sino más bien reaccionarios a secas.
No son liberales porque no ayudan al progreso de las libertades ciudadanas y no cabe otro tipo de liberalismo.
No son neos porque tratan de legitimar algo viejo como la Historia: La Libertad como privilegio de unos pocos: los fuertes y poderosos.

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