LBP nº 8. El discreto encanto de la Fe

 

Octubre de 1995.

Especial de Religión.


 

El Discreto encanto de la fe.

 

Hay pequeños detalles que proyectan nuestra mirada hacia el futuro. Para todo aquel que lo quiera ver, el porvenir se nos presenta en forma de anuncio. Hasta ahora las editoriales nos tenían acostumbrados a la venta de cursos de idiomas, bibliotecas de quintaesencias literarias, históricas, del pensamiento, cómo no, empresariales!, programas de informática y artilugios multimedia. Muletas para nuestro bienestar intelectual a cambio de unas monedas.

Debemos a Planeta-Agostini la impagable atención de contribuir al sostenimiento de nuestro espíritu: ya está al alcance de todos los hogares una biblioteca de autores cristianos. La libre empresa al servicio del consumidor soberano y el Nihil Obstat caminan de la mano. Si la experiencia fructifica no tardaremos en ver cursos de Teología por entregas. ¿Amanece de nuevo en la Católica España?

La cosa es más compleja que esto, pero tiene un nombre, que es la cabecera de éste artículo, y que trataremos de desgranar, siquiera sea brevemente, como apunte para un análisis.

El lento proceso de secularización apelaba en última instancia a la construcción de un modelo de ética y moral laicas, vestidas con los ropajes de la Libertad y la Responsabilidad, la Tolerancia y la Pluralidad, y al que se llegaba mediante el uso de la razón y la relativización de los viejos valores absolutos.

La pregunta es: ¿Está el ciudadano medio occidental en condiciones de seguir provechosamente este camino? ¿Tiene acaso a su disposición modelos claros y distintos no desmentidos por la inapelable y cabezona lógica de los hechos, que sean susceptibles de cierta vivencia común y le permitan sentirse razonablemente satisfecho?.

Ni mucho menos echar en saco roto todo lo ideado desde el Siglo de las Luces, pero sí saber que no siempre se presenta un mensaje fácilmente reconocible, que no se predica precisamente con el ejemplo, y que la Libertad, que en materia de ética y moral parece decir “hágalo usted mismo”, señalando el método de la prueba y el error, pese a haber roto muchas cadenas, también atemoriza a muchos, que prefieren seguir senderos ya trillados y poner las graves responsabilidades en manos ajenas.

Esas manos ajenas son en Occidente desde el inicio mismo de nuestro calendario que tuvieron a bien fundar las de las iglesias cristianas, y en particular la católica, reinos todos de este mundo. No nos debe extrañar que sus sectores más conservadores diseñen estrategias mediáticas para tratar de reverdecer, con cada tropezón de los laicos, esplendores pasados.

Ofrecen, a cambio de obediencia, seguridad, esperanza, perdón, vivencia común y sentimiento de pertenencia en un mundo anómico y atomizado, donde reinan la arbitrariedad y la mala conciencia. He aquí las claves de su discreto encanto, que se resume en ofrecer certeza donde la Libertad sólo proporciona dudas.

No es menos cierto que existen múltiples personas que de buena fe tratan de vivir según un ideal libremente elegido, elección que un liberal debe respetar aunque sea un contrato de adhesión, si no hace peligrar las libertades ciudadanas.

No es menos cierto que hasta los mensajes más dogmáticos pueden ver reducido su contenido por la banalización mediática, que los convertiría en un objeto más de consumo.

Pero estas salvedades, y la constatación de una cruzada multimedia, no deben permitir a los pensadores hacer dejación de sus responsabilidades. Entre ellas, y no la última, dadas las circunstancias, proponer al hombre de a pie un modelo ético y moral autónomo, inteligible y llevadero. Sólo fortaleciendo la confianza en las posibilidades de la Libertad se previene el dogmatismo, un menú que están impacientes por servirnos.

 

El Obispo.

Por Juan Antonio Herrero.

Quien siembra vientos recoge tempestades. Es algo que ciertas esferas con poder real debieran conocer, sobre todo cuando tienen una larga vida y, por lo tanto, un largo camino recorrido. A estas alturas que la jerarquía eclesiástica de la Iglesia Católica española se sorprenda e incluso proteste por la intromisión de un político como es Arzallus en las decisiones internas de su Institución, resulta sorprendente.

Cuando el Jefe del Estado en nombre de todos los españoles hace una ofrenda al Apóstol Santiago ante la presencia satisfecha del Obispo de la capital gallega; cuando los comentarios sobre la situación política y social por parte de miembros de la Conferencia Episcopal Española no son infrecuentes en los medios de comunicación – sean los suyos o los de los demás -; cuando se muestran disgustados porque los planes de estudios en los centros públicos – o sea, los de todos los españoles- no contemplan como a ellos les gustaría la religión católica – o sea, la de una parte de la sociedad española, mayoritaria, sin duda, pero parte al fin y al cabo -; cuando un buen número de los partidos españoles y europeos llevan en su estatutos y documentos internos la etiqueta de democristianos, sin que ellos se den por aludidos ni vociferen por una rígida separación entre la política y la religión; cuando la cabeza de la Iglesia Católica es al mismo tiempo el Jefe de un Estado soberano que participa como uno más en los forums internacionales, entonces ¿por qué rasgarse las vestiduras porque Arzallus y el PNV, partido que suele comenzar su fiesta del Alderdi Eguna (día del partido) con una homilía sin que tampoco la Iglesia haya dicho esta boca es mía en esa intromisión de lo político y lo religioso, opine sobre la conveniencia de que haya un Obispo vasco en Bilbao?

En un Estado no confesional en el que la Iglesia Católica respetase las reglas de juego de mantenerse al margen de la actividad política militante no sería chocante estar de acuerdo con los contenidos de las palabras de los dirigentes católicos que estos días han opinado sobre la polémica del Obispo de Bilbao, pero con lo dicho en el párrafo anterior y también con lo que se omite – es de mal gusto remitirse a argumentos de corte histórico, aunque esa historia sea reciente -, es más que suficiente para mostrarse livianamente molestos por el cinismo de los pastores católicos que ven la paja en el ojo ajeno e ignoran la viga en el propio. Respecto a lo dicho por Arzallus, sólo hay que lamentar que crea que alguien de fuera no sea capaz de conocer e incluso amar lo propio con sinceridad y afecto. Distorsiona además la polémica de fondo, que es lo difícil que resulta delimitar los ámbitos político y religioso cuando no hay voluntad de hacerlo.

Juan Antonio Herrero.

 

Sugerencias de Lectura:

Retomamos esta sección habitual del Librepensador para dar cabida a varios artículos de revista que han llegado a nuestra redacción:

Del propio Juan Antonio Herrero, un artículo sobre las andanzas de Borrow, que titula “La Aventura de España” publicado en ADEMAS DE nº15, del 29-9 al 6-10-95, y que es el último de sus artículos publicados.

De Víctor Méndez Baiges, doctor en Filosofía y profesor de la Facultad de Derecho sus artículos aparecidos en EL VIEJO TOPO en septiembre y octubre titulados “El estrés de los ejecutivos” y “Sonreír a la cámara”.

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