Wallerstein

 

Comentario del Libro

El Futuro de la Civilización Capitalista

De Immanuel Wallerstein.


 

Realizar la valoración crítica de una obra es tarea de varias fases y de diverso calado según el acervo del que la intenta. Tras una lectura atenta que nos permita desentrañar la estructura de los argumentos llega la hora de sopesarlos, porque en todo lo que no sea literatura debe primar la atención sobre el contenido antes de discutir la forma.

Paso a exponer entonces las ideas que yo seleccionaría de este libro.

El libro se estructura en tres partes: La civilización capitalista, Balance del capitalismo y Perspectivas de futuro del capitalismo histórico. Se añade un epílogo a cargo de José Mª Tortosa.

  • En la primera parte encontramos la exposición de la teoría de los sistemas-mundo, que podemos decir que es una teoría de la historia en cuanto que visión de su desarrollo y que concibe la historia como una sucesión de sistemas sociales, autocontenidos, autónomos social y materialmente y con una dinámica interna propia, compuestos básicamente de una división del trabajo a la que se superponen uno o varios procesos culturales y en su caso una o varias estructuras políticas. Lo remarco como una teoría que conozco gracias a este libro y porque aunque no sea la propuesta central de la obra ésta tiene la teoría de los sistemas-mundo como base.

La propuesta central del libro es la crisis del sistema capitalista, al que tiene la virtud de presentarnos como una realidad histórica y finita, basada en la jerarquía y la desigualdad. El sistema capitalista es clasificado como una economía-mundo que tiene la particularidad de haberse extendido a todo el planeta, ser el único sistema histórico, cosa que añade dramatismo a la crisis.

El origen de los problemas son las contradicciones internas del propio sistema que nacen de los procesos económicos y político-culturales e impiden la autoreproducción del sistema.

La consecuencia es que los consensos más amplios están sometidos a revisión y por primera vez en mucho tiempo se da la posibilidad de una elección histórica: con nuestras obras podemos contribuir a conformar el porvenir y son tres las posibilidades que se abren: que el sistema-mundo se descomponga en varios, que surja un nuevo sistema pero jerárquico, desigualitario, opresivo, o un sistema igualitario y democrático.

Sobre la globalización creo que siendo el sistema capitalista el prevalente no hemos llegado aún a una homogeneización social y cultural total y ahí reside una porción no pequeña de las posibilidades de cambio.

  • La segunda parte del libro se nos aparece como un balance del capitalismo siendo en realidad la crítica de determinados aspectos suyos en tres niveles: el de las necesidades básicas, el de la calidad de vida individual y el de la calidad de vida colectiva.
    • Hablando de necesidades básicas critica el argumento de que la mayor eficiencia productiva pueda resolver los problemas aumentando “por goteo, de arriba abajo” la riqueza colectiva. Aquí es donde aparece, dispersa al tocar la salud, el hambre… la conciencia medioambiental de WALLERSTEIN: crece la riqueza material a costa de agotar los recursos naturales, surgen nuevas enfermedades consecuencia de los desarreglos medioambientales, la contaminación químico-biológica, la deforestación y desertificación destruyen cosechas y reservas de alimentos.

      También menciona en este apartado el creciente clima de guerra civil, que se recrudece en las fases recesivas del ciclo económico.

      Al hablar de la calidad de vida individual entendida como bienestar dedica un cierto espacio a la distribución crecientemente desigual y al fenómeno del turismo, pero es al hablar de la educación cuando aparece una idea que es secundaria en su argumento

      pero que a mi juicio justificaría un seguimiento y estudio más detallado: la estructuración de la vida en etapas que permite la creación de una jerarquía de edades.

      Para WALLERSTEIN este hallazgo queda en segundo plano porque lo que nos quiere mostrar es que la extensión de la educación no ha promovido la igualdad, porque se ha producido paralelamente una escalada en la exigencia de requisitos educativos y porque responde la educación a esa organización de la vida en etapas de las que ocupa las iniciales. Nos dice que enteras cohortes de edad han sido apartadas de las unidades domésticas y lugares de trabajo. Ya no ganan jornal para sus unidades domésticas sino que cuestan cantidades significativas de dinero que las unidades domésticas se ven obligadas a invertir en capital humano. Y continúa diciendo que la educación generalizada ha consolidado múltiples estadios de vida. Ahora se excluye de la participación por el poder y otros beneficios materiales a todos los que quedan fuera de la estrecha franja de años del varón adulto maduro. Bajo el paso común e igual por las etapas de la vida se erige una jerarquía de edades rígida.

      Creo que esta jerarquía de edades es ya una forma consolidada de desigualdad, con unos perfiles muy característicos que pueden reproducirse, condicionándolas, en formas y sistemas sociales venideros

      Al hablar de la calidad de la vida colectiva hace un análisis de los valores colectivos que se presentan como señeros del Capitalismo: el Universalismo y la Democracia. Del Universalismo habla en tres facetas: Ciencia, Derechos Humanos y Meritocracia. Muestra que en el ámbito científico no existe un control social, se han asumido riesgos y dejado perder alternativas con consecuencias en la misma estructura mundial del poder. Los problemas ecológicos son en parte fruto de esta forma de entender la Ciencia. Persiste la ausencia en la práctica de los Derechos Humanos junto a su consagración legal. La cultura del mérito es un falso Universalismo en tanto que sólo es relevante si no es universal, que encubre como mérito lo que es acceso a los puestos debido al estatus social previo.

      La Democracia la entiende como participación en la toma de decisiones en todos los niveles y bajo el supuesto de igualdad. Pero resulta que con frecuencia se limita en aras de la actividad competente (el gobierno de los especialistas: tecnocracia) encubriendo con esto el privilegio. Son significativas la decadencia de las instituciones comunitarias paralela a la extensión del voto y la alienación, entendida como malestar psíquico o psicosociológico.

      • La tercera parte que titula perspectivas de futuro no la dedica tanto a esbozar líneas de evolución futura cuanto a señalar las a su juicio tres contradicciones básicas e insostenibles de la economía-mundo capitalista:

      La acumulación de beneficios: el beneficio necesita del monopolio para sostenerse pero atrae la competencia. El monopolio se defiende con la ayuda de los estados forzando acceso al mercado de otros estados, abaratando costes de producción y con la creación de nuevas necesidades. La pérdida de la situación de monopolio justificaría los ciclos económicos que se combaten con ajustes como bajar los costes laborales y el cambio tecnológico. El límite está en que las necesidades de una demanda efectiva creciente llevan a políticas que socavan la rentabilidad del capital.

      La legitimación política: que la justificación moral del sistema se base en la soberanía popular implica una presión constante por el aumento de la participación de los trabajadores en la riqueza, pero desde los años setenta el capitalismo ha agotado su capacidad de ceder terreno sin menoscabar la plusvalía.

      La tercera contradicción proviene del hecho de haber situado al individuo como centro de la Historia: el individualismo fomenta por un lado la iniciativa pero por otro el conflicto y la competencia violenta. Conciliar ambos extremos se consigue con dos ideas contradictorias: El universalismo que permitía entender que en igualdad de oportunidades cualquier diferencia es consecuencia del mérito lo que justifica el estatus de la minoría superior y el racismo-sexismo que justificaría la situación de la mayoría: los que están abajo es porque han mostrado menos iniciativa y son incapaces de hacerlo mejor. Durante un tiempo estas ideologías se compensaron, pero ahora marchan por caminos cada vez más alejados, acentuando la contradicción.

      Sobre el futuro insiste en los tres escenarios posibles ya apuntados: un neofeudalismo con soberanías regionales autárquicas y desigualdad, compatible con el mantenimiento del nivel tecnológico, un “fascismo democrático” con una sociedad estructurada en dos castas, una con el 20%, otra con el 80% – los oprimidos -, o un orden global descentralizado, igualitario y no consumista.

      Finalmente decir que si tratáramos de clasificar esta obra, el presente no es un libro de Historia en sentido estricto, es un libro que habla de la Historia porque contiene una teoría sobre su desenvolvimiento y desarrollo. Tampoco es un libro de Economía, pero se habla de la economía capitalista. No es un libro de política internacional pero habla de la globalización y de las relaciones norte-sur. No es un libro de Sociología pero habla de las condiciones de vida, del conflicto social y de la legitimación del estado. En consecuencia, es en realidad un libro de todo ello porque trata de comunicar una visión del mundo, una preocupación por el porvenir y una esperanza de cambio.

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