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Humanismo y Reforma.

Crítica del libro de Stefan Zweig:  Erasmo de Rotterdam. Triunfo y tragedia de un humanista

Zweig nos regaló una interesante semblanza de Erasmo de Rotterdam. Un retrato de un tiempo crítico en la historia de Europa preñado de alusiones a los tiempos también críticos y de ascenso de la intolerancia que le tocaron vivir a Zweig, que sólo por eso ya es aprovechable.

Aparte de los meros datos biograficos interesa a Zweig la comprensión psicológica y vital de Erasmo todo razón, sutileza y tolerancia, camino en el cual lo acaba situando frente a frente del que terminaría por ser su gran antagonista vital: Lutero, todo pasión, populismo y fanatismo.

Dos hombres frente a frente que sólo se entrentaron en el terreno de las ideas tras más de ocho años de intentos vanos de los luteranos de atraerse a Erasmo y de este de permanecer neutral en la gran controversia de la Reforma. Erasmo se defendió del ataque de Lutero y ni aun así acabó por decantarse, fue Lutero exasperado quien tomo la iniciativa y marcó el rumbo de la Historia, nos hace ver Zweig que para mal de la postura del comedido Erasmo.

Erasmo, dice Zweig, comete el error (en las Dietas de Augsburgo y Worms) de no decidirse a defender con su persona una causa, una convicción, pues es verdad que escribe cartas, pero “cuando el destino depara horas de tensión, la palabra escrita nunca tiene la fuerza del llamamiento hecho de viva voz y en caliente.”

Moraleja: no rehuyas las responsabilidades que te salen al paso, por más que te sean ingratas.

La Perversión de la Individualidad

Hace tiempo que observo varios fenómenos que por fin hoy he decidido caben bajo un mismo epígrafe: Se está pervirtiendo el concepto de individualidad. Tenemos de un lado una exaltación del individuo, de otro un individualismo infantiloide y mal entendido:

Por una parte, se apela a la responsabilidad individual para dejar de cargo del individuo problemas y fracasos que son colectivos, especialmente en materia económica. Nunca una corporación o gran empresa debe resultar responsable de nada, si acaso, el individuo es incompetente, irresponsable o vago. Si usted no trabaja es porque no quiere. Si usted se intoxica con un medicamento es por automedicarse. Si le pierden la maleta en un aeropuerto es por no viajar ligero de equipaje.

Pero por otra parte, se espera a diario que el poder público, sea el director general de carreteras, el médico de la seguridad social, el maestro de escuela, el juez o el guardia urbano estén solícitos a solventar problemas individuales que sólo la previsión y la responsabilidad individual evitan. También hay una demanda creciente de soluciones, subsidios y “derechos” a cambio de nada.

Luego está la cochambrosa renuncia a la intimidad como modelo de exaltación de una individualidad vacía de contenido. Se normaliza en el espacio público el mercadeo y exhibición de la propia existencia, cuanto más vana mejor, como ejercicio de supuesta afirmación y culto a la identidad individual. Todo empezó con las cámaras de video domésticas y los concursos de videos de bodas y accidentes variopintos, pero siguió con los concursos de matrimonios y ligoteos, hasta culminar en los programas nocturnos con circos de frikis, el Gran Hermano, las islas de casposos, y todos sus derivados. Mientras, en la web se desarrollaron los chats y las webs sociales donde cualquier observador atento puede encontrar foros que se usan como confesionarios laicos de intimidades…

De verdad, esta es la individualidad que queremos?

 

Aquí hay una cosa clara: pasó (espero que transitoriamente) la época de las grandes narrativas sobre la sociedad y el mundo. Fracasaron, como no podía ser de otro modo, pues partían de unos supuestos ficticios sobre la naturaleza humana y olvidaban al hombre o la mujer concretos, todas las apelaciones al esfuerzo individual en pro de la transformación social.

Aparentemente libre de toda restricción el individuo nos es presentado como el ganador de una carrera en pos del fin de la Historia, sin un gran discurso, sino en una bonita colección de entregas audiovisuales y mediáticas. Todo, para convencer de los tres argumentos que encabezan esta discusión:

1. Cada persona es responsable de su propio destino en lo que a prosperidad material y salud se refiera. Las empresas, asociaciones y entes que conforman lo que se viene llamando la sociedad civil no tienen responsabilidad alguna, de hecho no existen en el discurso, como no sea para loar su superioridad moral sobre el estado.

2. Sin embargo, el estado o el poder público en general, viene obligado a solventar la más nimia contrariedad existencial que le surja a un individuo en su vida privada y familiar. En ese momento todo parece deficientemente legislado y no hay materia que no merezca subsidio. Panem et circenses. (o como decía en el S.XIX Leon de Arroyal: “Haya pan y haya toros, y más: no haya otra cosa”

3. Y entramos en el tercer argumento: la individualidad entendida como la exhibición pública de la intimidad y también del culto al cuerpo y los cánones estéticos del momento. Todo ello como materia prima de una inmensa industria de entretenimiento.

 

Este tercer apartado merece un comentario más detallado, pues aquí confluyen varios factores.

Lo que ahora me parece más importante: asistimos a la liquidación de las posibilidades de aumentar la instrucción pública.

Me explico: La escolarización universal creó en el siglo pasado un marco propicio al extender la cultura, para aumentar el número de los ciudadanos pensantes y profundizar en la Democracia. No tardaron en surgir los apologetas de la apatía y desde los ochenta del siglo pasado los teóricos de la sobrecarga gubernamental y la ingobernabilidad, por aquello de las expectativas crecientes del punto 2.antes mencionado.

Pero los efectos de la escolarización están en franca remisión. Reforma tras reforma y a oleadas de privatismo nos estamos cargando la enseñanza, y poco a poco la gente retrocede culturalmente a los siglos anteriores. Entonces eran analfabetos, ahora tenemos la categoría del analfabeto funcional. Qué tipo de cultura es asimilable para este gran público? no la escrita, no la de densas obras de pensamiento, sino una cultura oral y visual, que se ha fusionado, merced a la industria cultural, con los nuevos soportes. Durante el siglo XX, con el cine (Hollywood, no el independiente) las discográficas, las cadenas de televisión privadas y públicas que las imitan o al servicio del adoctrinamiento y por fin en el s. XXI la gran industria de entretenimiento que se teje en internet. Pues al final, de eso se trata…

Siempre el pueblo menudo ha tenido necesidad de distraer sus penas contemplando las ajenas. En el S.XVI, y aún más tarde, iba el ciego por los caminos, de pueblo en pueblo, relatando crímenes y sucedidos, todo ello vidas ajenas, y se exhibían rarezas humanas o animales en las ferias. Ya entrado el S.XX hubo por una parte diarios de sucesos o programas de televisión sobre crónica negra. Como alternativa, por otra, la prensa rosa (amarilla) y los programas y concursos de televisión anejos.

Pero lo grave, a día de hoy, es que amén de “distraer” (por lo tanto, alejar de la mente de los ciudadanos los problemas reales y por tanto también de la agenda pública) están ofreciendo al niño, al ama de casa, al jubilado, al parado y al trabajador trasnochador MODELOS de CONDUCTA, que al ofrecerse públicamente se sugieren como lícitos y practicables. Esto aclaro que vale también para el “entretenimiento” que se encuentra en la red, mucho de él supuestamente para personas con mayoría de edad legal, no digo que con edad mental adulta.

Pronto, la perspectiva vital que se ofrecerá a cualquier individuo será la de obtener una instrucción limitada a lo necesario para el sistema productivo, aguantar las condiciones de supervivencia que se le ofrezcan, lloriquear a unos servicios sociales cada vez más dejados, eludir encuentros desagradables en la vía pública y pasar su tiempo excedentario en un exiguo habitáculo con conectividad a medios de entretenimiento telemáticos donde podrá ejercer su derecho a voto en concursos y nominaciones o su derecho a la participación exhibiendo una vida privada estereotipada lo que le llevará al apoteosis de sus cinco segundos de gloria como individuo. Y bien podrá entonces decir que aquellos segundos valieron por una vida.

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